La Pandora contemporánea

y así fue como creí que mi corazón iba a dejar de latir por esa persona. Pero esto no significa que dejaran de pasarme cosas cada vez que alguien decía su nombre o cuando en una suerte de "racconto extreme" recordaba su olor, maldito olor!!; sino que iba a dejar de latir de tanto sentir esa presión asfixiante sobre el pecho. Y es difícil aceptar que de quién uno cree estar enamorado es justamente de quien no puede estarlo. Y más difícil aún cuando la negación se vuelve tan protagonista que uno empieza a cuestionar su realidad a tal punto de pensar que todo lo lindo que viviste, y que en algún momento lo atribuíste a ese sentimiento que causa reacciones tan antagónicas llamado "amor", solo se debió a que tus ganas de estar con esa persona eran tan grandes que todo fue un invento de tu volátil imaginación: un refugio, un escape, una posibilidad más cercana que la realidad. Y lo peor de todo es tratar de aconsejarse. Sí, aconsejarse. En el fondo lo que uno hace es contar la historia que tanto mal te hace una y otra y otra y otra vez y tu receptor (de supraconfianza) te mira, te toma las manos, y en su mente elabora la mejor frase cuerda que pueda hilvanar en ese segundo en el que tú esperas te dé la respuesta a todos tus padecimientos... y justamente te dice algo que probablemente te tranquiliza un breve instante, casi un segundo. Pero después comienzas a notar que tienes una y otra y otra y otra posible solución, tantas como tantas veces contaste tu dolor en un intento desesperado en que ese "vaciar todo" sirviera para dejar de sentir. En el fondo, siempre supe que yo tenía la única respuesta que necesitaba saber. Y no es que quiera desmerecer a quienes en algún instante sirvieron de terapeutas, sino que creo que la receta del desamor que tanto nos gustaría que vendieran en la Cruz verde y a un modico precio, sólo puede recetársela uno.

Han pasado algunos meses ya desde que empezó el ocaso de todo, y aún así, con todo lo que me hace tener la certeza de que lo mejor es bajar el telón del plató que ha presenciado esta interminable obra de malromance (como diría la patrona), sigo cayendo en el abismo de la posibilidad remota que siempre deja el no querer decir adiós a esa persona que fue la primera en algún minuto de nuestras vidas, tan primera que al más mínimo estímulo parece que el suelo de piso flotante que en este minuto tocan mis pies, se transforman en nubes, y nuevamente vuelve la sensación de que esa persona está ahí, esperándo, muuuuy a su manera, pero esperando al fin y al cabo.

Y con todo esto, es preciso recordar la vieja historia de la caja de pandora. ¿Recuerdan de que trataba? Resumiendo, Pandora tenía a su cargo una cajita que debía resguardar a como de lugar. La curiosidad de Pandora la incitó a abrir la caja, sin conocer lo que ella resguardaba. Al abrir la caja, huyeron de ella todos los males del mundo y se esparcieron por todo lugar. Pero Pandora, en un intento desesperado, intentó cerrar la cajita y logró conservar solo una cosa: la esperanza. De aquí el dicho "la esperanza es lo último que se pierde". Mucha razón tenía la historia, y muchas ganas siento de encontrar la cajita para abrirla nuevamente...

2 comentarios:

Mauricio dijo...

brígida tu volá, juankis. Yo creo que uno nunca está seguro de que está enamorado hasta que la weá ya está the real consolidada, pero el problema es que uno tampoco sabe cuándo está the real consolidado. Queda el autoconvencimiento no más.
Y puta que cuesta desligarse, pero una vez que se logra, puta que se siente liberador.

te quiero mucho amigo :*

LicoresConVersos dijo...

Muy bueno :), me encanto =)

 


Respira un segundo* - Templates Novo Blogger 2008