Estaba desamparada, tirada a su suerte en la lúgubre noche capitalina.
Debió aprender a sortear los obstáculos que se le presentaban en su nueva casa, en donde su dormitorio de princesa estaba conformado por unos cuantos cartones y tarritos de "neoprén". De vez en cuando se aparecía por el lugar -sobre una lujosa camioneta verde- su príncipe azul, y le prometía el cielo y la tierra. Ella, mitad consciente, mitad consumida por el "alimento", no aceptaba su ofrecimiento, sosteniendo que en aquel "paraíso" ella volaba, libre como un ave, libre y feliz.

1 comentarios:
Pa pensarlo.....
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